me desilusiona tanto
nuestro mundo
que mi odio
me rompe
y se cuela por los cientos de agujeritos
de mi casa ametrallada.
mi recuerdo son trincheras
de cuando éramos crios.
luego los dieciocho. y tú
- ¿y tú?
yo nada. yo escribo.
Debió pasear su figura alta y desgarbada por las aceras cerca de NotreDame, con las manos metidas en los bolsillos del gabán y el cuello subido para esquivar el relente, fumando y tramando su próxima historia, el siguiente relato. 


Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas
defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos
defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias
defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres
defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa
defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas
del azar
y también de la alegría
Mario Benedetti
Pues eso, defendámosla de los que la quieren en propiedad y solo nos dejan a los pobres mortales que se la alquilemos ... o en su defecto privatizarla.
Y me vuelvo a caer desde mí mismo
al vacío,
a la nada.
¡Qué pirueta!
¿Desciendo o vuelo?
No lo sé.
Recibo
el golpe de rigor, y me incorporo.
Me toco para ver si hubo gran daño,
mas no me encuentro.
Mi cuerpo ¿dónde está?
Me duele sólo el alma.
Nada grave.